[Entrevista publicada en La Nueva España]
Langreo, Elena PELÁEZ
El colectivo sociocultural «Les Filanderes» cumple diez años. Un aniversario que cerrarán con una actividad en la que se presentará un libro de memorias del poeta Marcos Ana. Asunción Naves Peláez fue la primera presidenta de la asociación y una década después sigue al frente de esta entidad de mujeres
-Si vuelve la mirada atrás, ¿cuál es su balance?
-Muy positivo. Empezamos de forma humilde. Queríamos llenar un espacio que no estaba ocupado en el asociacionismo de la cuenca. Durante estos diez años el trabajo ha sido constante y duro. Se desarrollaron los fines de los estatutos, dividiendo el trabajo en tres áreas, Lectura y Literatura, Teatro y Social, no porque cada una sea un camino por sí sola sino para una mejor operatividad. Y contamos con apoyos importantes como el Instituto Asturiano de la Mujer, el Ayuntamiento de Langreo que el pasado día 20 no entregó un diploma en recuerdo de estos 10 años o Cajastur. También está con nosotros el grupo Arenas.
-En la primera de ellas se enmarca el certamen internacional de relatos cortos.
-Se convocó el concurso, que está consolidado con trabajos de diversas procedencias que abarcan un abanico completo de temas. También se trabajó en la recuperación de la tradición oral y organizamos talleres de escritura, un aula de lectura que incluye análisis crítico y grupos de lectura dramatizada a las que se unirán ahora representaciones. Nuestros talleres tienen como objetivo que las mujeres recuperen su espacio en la sociedad y que pierdan el miedo escénico si tienen que ir a algún mostrador oficial. En el área social apoyamos las reivindicaciones de las mujeres y asistimos a foros y tertulias.
-¿Qué proyectos tienen?
-Seguir colaborando con nuestra presencia en determinados foros. Abrimos además un nuevo cauce, la recuperación de la música tradicional asturiana con un taller con quince mujeres que tocan la pandereta que ya están actuando. Aquí no se pide ni credo ni religión, sólo hay que tener en cuenta los fines del colectivo.
-¿Cómo surgen «Les Filanderes»?
-El acta de constitución fue firmada por doce mujeres que ya estábamos en movimientos de mujeres pero que considerábamos que existía una parcela que no estaba cubierta. Fue un 8 de marzo, día internacional de la mujer. Se hicieron los estatutos y el colectivo echó a andar en septiembre.
-Es presidenta desde entonces.
-Sí. Siempre fue socia de base en movimientos de mujeres y para mí este nuevo papel fue difícil. «Les Filanderes» se dio a conocer fuera de la región y de España con el certamen internacional de relatos cortos y en 2003 fuimos invitadas por Laura González (ex eurodiputada y ex consejera de IU) a conocer el Parlamento Europeo.
-¿A quién se le ocurrió el nombre?
-La verdad es que teníamos otro nombre pero al registrarlo no lo dieron de paso porque aludía a una toponimia muy amplia. Pasaron los días y cuando estaba a punto de vencer el plazo una compañera nos dio una idea. Hicimos una lista con cinco nombres y elegimos «les filanderes». En Asturias todos sabemos qué es un filandón. Dimos de pleno porque nosotras no filamos lana pero sí palabras y sensaciones y confeccionamos libros. Hicimos todo lo que queríamos hacer y conformamos un grupo grande, variopinto, con mujeres desde los veinte a los setenta y pico años. Ha llegado a ser como una fuente con muchos caños y unas beben de lo que saben otras y otras de la experiencia de aquellas. Las jóvenes aportan la preparación académica y nosotras esa licenciatura en la vida. Es un aprender continuo unas de otras.
-¿Qué cambió en estos últimos años en el papel de la mujer en la sociedad?
-Se aprobaron leyes como la de la igualdad y la de la violencia de género. A pesar de estos avances hay que desarrollar estas leyes y para eso falta el poderoso caballero don dinero. Desde los años sesenta y setenta hubo un gran avance, llegamos muy arriba pero con solo apretar fuerte con el dedo puede resquebrajarse.
-¿Quedan muchas conquistas por delante?
-Sí. En los años setenta luchamos para que la mujer empezase a abrirse camino, pero sorprendentemente estas nuevas generaciones retroceden un poco en estos objetivos de independencia o de ejercer sus vocaciones. Eso nos entristece. Pensábamos primero en la independencia económica y después en formar una familia. Ahora, algunas chicas, no todas, pero sí un porcentaje más alto del que existía años atrás, en tener un novio y en casarse.
